Breve reconocimiento de la ciudad, por una caraqueña semi-desterrada

 

Por Andreína Quintero

 

Estuve casi dos años viviendo fuera de Caracas, y al regresar me encuentro con lo siguiente: lo primero que me impactó al volver a este inquieto y placentero Valle fue el verdor de la ciudad… se me había olvidado que Caracas era tan VERDE, y que sólo en la calle donde vivo hay como veinte árboles gigantes y frondosos, con una gama de colores que varían desde el verde botella hasta el manzana. Aquí nadie siembra jardineras municipales, ni mucho menos riega las plantas… simple y llanamente estamos metidos en una ciudad que refleja la lucha constante entre la naturaleza y la urbe, tratando cada una de defender su territorio. El verdor brota entre cada pedazo de alcantarilla rota, y me parece sumamente hermoso ver como la naturaleza caraqueña grita y aparece en todas partes como diciéndonos “todavía estoy aquí”, “no pueden, ni podrán eliminarme, por muchas montañas vírgenes que ataquen”.

 

 

 

Lo otro que me impresionó de volver a Caracas es poder reconocer, que a pesar de vivir en una ciudad tan violenta, el caraqueño todavía es una persona que te aguanta la puerta al pasar, y saluda diciendo “buenos días” y “buenas noches”. Sin hablar de la singular extravagancia en la que basta que te toque hacer una cola en el banco, panadería o en cualquier oficina pública, para que salgas con tres nuevos mejores amigos del alma, con el que hasta números de teléfono intercambias.

 

Me ha impresionado el estado deplorable en el que se encuentran nuestras calles, avenidas y autopistas… los cráteres en el concreto asemejan a una ciudad en guerra, y nadie, prácticamente nadie protesta al respecto. Parece un poco inútil porque basta que los tapen, para que automáticamente en un período de dos semanas, estos comiencen a gestarse de nuevo como bacterias que se reproducen. Sin embargo me parece insólito, que en un país rico en petróleo, estemos acostumbrados a vivir así. También me impresiona el hecho de a pesar de vivir en una “ciudad”, las carreteras que conectan algunas urbanizaciones con otras tengan un aspecto tan rural, hay algunos “caminos verdes” en los que te sientes más cercano de llegar a Choroní o a Cata, que transitando dentro de una ciudad capital.

 

Del primer mundo extraño cosas como el reciclaje… es muy triste que los caraqueños y demás venezolanos, tengamos que lanzar día a día todos los desechos juntos hacia el mismo hueco, ya que no se ha conformado un sistema a nivel nacional en el que se le permita y se le ayude al ciudadano común, a poner su granito de arena. A veces creemos que la naturaleza no se nos va a agotar en este lado del planeta, y es realmente terrible que con todo lo que ha pasado y está pasando en el mundo, la conciencia ecológica (a pesar del esfuerzo de algunos) no se haya desarrollado lo suficiente en Venezuela.

 

No quiero hablar demasiado de cosas malas, así que no ahondaré en el tema de la inseguridad, el tráfico, o el pánico de los motorizados en la autopista (por nombrar solo algo)… las cosas malas se saben y obviamente se repiten todo el día, en todas partes. Todos sabemos que hay muchísimas cosas que hacer, cambiar, reestructurar.

 

En Caracas hay mucha actividad, y pienso de que a pesar de que muchos quieren salir corriendo (suelo pasar intermitentemente por ese sentimiento), también hay otros que todavía tienen ganas de hacer cosas y luchar contra la corriente. Para aquellos quiero decirles que esta ciudad a pesar de tener la capacidad de convertirse en un caos en fracciones de segundo cuando caen tres gotas, o se arma una manifestación, también es absolutamente mágica un domingo en la mañana, cuando nos tomamos el tiempo de disfrutar de este clima privilegiado, el cielo azul, o el Ávila despejado. En esa Caracas bonita es en la que debemos inspirarnos, regocijarnos y tratar recordarnos que ella existe, aunque a veces no la veamos.

 

Caracas es naturaleza y urbe, es sentimientos vivos, variados, encontrados… Caracas es un caos muy verde, donde brillan corazones apasionados… Caracas tiene mezcla de gente, cultura, colores… son mil y una maneras de ser. Caracas hoy por ti yo me levanto.