CHAO BELLA. Sábado 7 de Enero de 2012.

 

Amaneció temprano en el barco. El ruido de los motores anuncia la partida y hay que apurarse para tomarse la pastilla y evitar marear.

Corro por sus estrechos pasillos, lagañas incluidas a buscar mi respectiva ”Dramamina”.

 

Súper efectiva la pastillita. Caigo rendida como una piedra y no despierto sino 8 horas después. Ya entramos en Los Roques. Empiyamada subo a cubierta y ahí estamos todos. La tripulación de ida es la mitad de la de regreso. Aunque es la primera vez que voy navegando al Archipiélago imagino que siempre será así. Cuántas veces no he escuchado decir a amigos y conocidos “Yo me quedo unos días más y consigo una colita para Caracas”. Es parte de nuestra idiosincrasia.

 

¡Qué bello se ve el Gran Roque desde esta perspectiva! Queman basura y horas después me enteraré que hay crisis energética y por lo tanto de agua en el pueblo. Es que la planta desalinizadora funciona con electricidad y las plantas de electricidad nuevas que les trajeron no se dan abasto. Hielo, no hay. Es que estar a bordo del Chao Bella es el equivalente a andar en Caracas en una Four Runner. ¡Burbuja TOTAL!

 

Ya anclados en Franciski voy al agua. ¡Que delicia volver a este mar! No tiene punto de comparación con ningún otro en el que haya estado. Ni muy caliente, ni muy frío. Piscinita transparente y natural. Amo este lugar.

 

Luego de casi una hora conversando y flotando en el agua reparamos en el resto de la tripulación. Están en la isla de al lado. Pero tranquilos están relajados; ya tienen una botellita de Vodka. Una comisión se va a buscarlos. Mientras, los demás cogemos fuerza para salir del agua (no es tarea fácil, está deliciosa). Ya a bordo llegan los demás. Un chico y tres chicas. Estadística común en esta tierra cundida de mujeres donde los hombre, al igual que la leche, escasean.

 

Nos conocemos todos, cae el sol y llega la hora de cenar. Don Víctor y Robin más que marineros parecen papás, de hecho lo son y sus hijos y sus mujeres están en La Guaira. Los veo contentos, los siento tranquilos con el hecho de estar lejos de sus familias, este es su trabajo y ellos se lo gozan. Nos alimentan, nos hacen las cavas para ir a la playa. Yo no soy la única a la que le cuesta dejarse atender. Así que colaboramos, levantamos la mesa, buscamos lo que falta. Somos un buen equipo.

 

 

 

FRANCISKI DE ELIAS. Día 2.

 

Tengo muchas ganas de llegar a casa de Elías y Lote. Ellos son los instructores de Kite para muchos, pero para mí son parte de mi “familia roqueña” con la que tengo muchas ganas de reencontrarme. No los veo hace poco más de un año. La última vez, cuando me fui su casa estaba hundiéndose, sacos de arena cargaban todos para levantarla mientras los autorizaban a moverla. Ese día la Guardia les acababa de dar el permiso así que fue una despedida feliz.

 

Hermosa está la nueva casa, la distribución de los espacios es preciosa y la vista insuperable. Tiene muy linda energía el hogar. Me dan el notición de que el resto de la familia de “El Canto” viene en camino.

 

Llegan todos. Mamá Nelly con sus ollas, las chicas que la ayudan, Juan Fierro y Fefe, Arjuna y sus amigos, Delfín. Un bandón. Hoy celebramos el cumpleaños de Elías y yo me siento muy afortunada de estar aquí entre ellos. La tripulación del Chao Bella pasa a saludar y a conocer el lugar pero prefieren instalarse del otro lado del cayo, en la punta. Yo me quedo con la familia. Es mucho con lo que nos toca ponernos al día.

 

¡¡¡Comemos DELICIOSO!!! La comida de Mamá Nelly de “El Canto de la Ballena” es la más rica de todos Los Roques, no hay nada que hacer. Arranca nuestro tradicional “Ay, que noche tan preciosa”, versión criolla del cumpleaños feliz, y ya cerca del final se duplican los invitados. Todos los que estaban cerca llegaron a cantar y celebrar. Un partido de Volley playero para cerrar la tarde. Despedidas felices y hasta prontos cargados de alegría por el inesperado encuentro. Voy a la punta y me encuentro con la gente del Chao Bella, musiquita para despedir al Sol que ya se va a dormir y la luna llena llega para alumbrarnos la velada. El mejor farol del mundo es ella, gordota y fiestera. Llega a acompañarnos en una noche repleta de música, risas, guitarra de duelo y todo. Humberto y Conrad, autores intelectuales de este viaje y grandes amigos, se enfrentan juguetonamente a conquistar el amor de las chicas a punta de talento y creatividad. Un juego que recordaríamos el resto de la travesía.

 

A dormir, mi parte favorita de navegar. El mar te arrulla, es casi como volver a ser un bebé mecido por mamá.

 



 

FRANCISQUI DE ARRIBA. Día 3.

 

Ya hay más confianza en este grupo que hace 48 horas cuando éramos prácticamente desconocidos. La convivencia nos da licencia para chalequear, y en eso soy experta. Dos tandas para el desayuno y a la playa. Luego de instalarnos cada quien toma su rumbo, algunos van a hacer snorkeling, otros charlan a la orilla del mar, incluso unos se van a pescar, yo decido leer un rato y luego voy al mar. Nos turnamos en los grupos, compartimos con todos. Hay libertad para que cada quien decida que hacer, con quien y cuando. Nadie juzga a nadie. En esta comuna la convivencia a resultado relajada y fluida. La hora de la merienda resulta ser el momento en el que todos nos reunimos y compartimos en la playa, alrededor de la comida.

 

Hasta castillos de arena, clases de yoga y un pasaje de avión para Alejandro que mañana tiene que partir conseguimos hoy. Esta noche hay fiesta de despedida en el Chao Bella. Alejandro, rumbero insigne, comienza a entender y disfrutar las veladas de guitarra y voz a la luz de la luna. En esta tanda de impro en la que con melodías conocidas componemos letras dedicadas a los miembros de la tripulación nació la insigne “Soy Oscar Shariff” con música prestada del gran Bob Marley. También tuvimos tanda de “puqui puqui” y bailadera intensa. Esta resultó ser la noche que Alejandro pedía desde que llegamos. Pero somos un grupo más bien tranquilo, como luego Don Víctor y Robin expertos en pachangas playeras confirmarían.

 



 

BAJO FABIÁN. Día 4.

 

En peñero de pronto queda cerca, pero en un dingui cargado de peroles llegar a Bajo Fabián es toda una travesía. Llegamos emparamados a armar el toldo y secar las cosas. Somos el grupo de avanzada. Cuando llega el resto de la tripulación ya estamos instalados. Un día delicioso en un cayo chiquitito, compartido con unos pocos turistas, una brisa divina y un solazo que no pica. Día de jugar paleta y hacer recuento del viaje. Ya mañana regresamos a la realidad, a Babilonia, Caraquistán y tantos nombres más tiene nuestra caótica y amada jungla de concreto… Hoy compartimos un poco más sobre nuestra vida privada, fotos familiares que tenemos en los celulares, confesiones y filosofía de vida. Hay más confianza e intimidad. Eso tiene la convivencia, intensifica los vínculos. Oscar Shariff, el que manda aquí y quien me invito a vivir estos días en altamar, me comenta que quiere que alguien escriba una crónica sobre estos días en El Paraíso. Yo salto y le pido que me deje hacerlo. Y heme aquí, terminándola ya.

 

Me quedo en Bajo Fabián con Humberto y Conrad, somos la segunda tanda que volverá al barco. Ya Alejandro vuela rumbo a Caracas, las chicas llegan al Chao Bella y yo tomo fotos de guanaguanares y pelícanos mientras estos dos mejores amigos juegan paleta. Cae el Sol. Qué hermoso resultó este plan de estos dos que viven en España y extrañaban el mar de la tierra que los vio nacer. Yo solo les puedo decir, GRACIAS por dejarme ser parte de esta aventura y testigo de su amistad.

 



 

Marisa Román